Tal vez todo se resuma a una de
las muchísimas paradojas de Zenón, en este caso nos centraremos en aquella que
dice que para llegar de un lugar en el
espacio a otro sería imposible, sería posible siempre y cuando
tuviéramos una infinidad de tiempo. Tal vez usted esté pensando que estoy loco,
o que nunca me he movido de un lugar a otro y que por eso tengo estas ideas
locas, tal y como la iglesia católica las hubiera tenido en la época del
oscurantismo.
Sin embargo se de lo que hablo,
matemáticamente la paradoja de Zenón tiene sentido. Primero pensemos en que
para llegar de un lado a otro en el espacio debemos de recorrer una distancia
¿Cierto?, para que pregunto si ya sé que estoy en lo cierto, cabe mencionar que para recorrer este espacio
debemos primero recorrer la mitad de esta distancia, y para recorrer la mitad
restante, primero debemos de recorrer la mitad de la mitad de la distancia y
así sucesivamente es decir…
La cual converge a uno, sin
embargo tardaría una infinidad en llegar a uno, que claro como todos sabemos es
imposible que alguien pueda llegar a esa infinidad, a menos que alguien no
tenga nada que hacer y viva muchísimo tiempo.
Sin embargo, todos sabemos que si
queremos llegar de un punto a otro, solo debemos de dar algunos pasos hasta ese
punto o bien en algunos casos más ambiciosos usar algún tipo de transporte, la
combi, el metro, el RTP, un bote, un barco, un avión o hasta un transbordador.
Por lo cual llegamos a una
paradoja, que a pesar de la imposibilidad, nunca deja de ocurrir, que según
recuerdo de mis múltiples clases de álgebra, cálculo, probabilidad y un
larguísimo etc. lo cual lo convierte en algo vacuo en sí mismo.
Esta imposibilidad, como ya lo
comentamos, nunca deja de ocurrir, así es el amor, vacuo imposible, ocurre en
un vacío vertiginoso.
Ahora es cuando recordamos El Banquete uno de los tantos diálogos
de Platón, me los chute en mis épocas ccacheras, los dos tomos, gracias a
esa maestra narizona de la cual no recuerdo su nombre, pero que gracias a ella
conocí personas fabulosas en especial a una, Platón pone en voz de
Aristófanes el mito que hoy llamamos la idea de una media naranja, aunque claro
de una manera más romántica, Platón decía que los humanos en un principio,
seres de cuatro brazos, cuatro piernas, dos rostros y dos corazones, lo cual no
proporcionaba el mayor de los ínfimos deseos si Platón filosofaba, yo porque
no, el mayor de los ínfimos quiere decir que es el menor de lo menor, y al
no tener ningún tipo de deseo, esto los hacia seres perfectos y completos, por
esta razón Zeus se puso celoso, chale no entiendo porque, si es un Dios,
por lo que los partió con uno de sus múltiples rayos, con lo cual condeno a
ambas mitades a buscarse eternamente, creando con ello el dolor de la ausencia
y la distancia, pero también dejaron ese ligero toque de esperanza, llamado
amor. Eros, ese el nombre de este tipo de amor, los griegos definen diversas
formas de amor, aquel que nos lleva a buscar el alma que, cuando se reúne con
la nuestra, completará de una vez y para siempre nuestro mundo, nuestro
universo, nuestro ser, haciéndolo inflamarse como un todo que llena el espíritu
con su gracia.
Si retomamos la idea de la
paradoja de Zenón, la cual cierra cualquier probabilidad de todo movimiento,
incluyendo aquel que busca la reunión de las almas para alcanzar el éxtasis,
nos damos cuenta de que esta búsqueda es inútil, se vuelve eterna, interminable
a un paso, a una mirada a una boca, una simple distancia.
Por lo tanto esta distancia entre
dos seres, es la condición del amor. Este vacío se convierte en el lugar ideal
para ser llenado por el amor, y el amor como todo lo demás se mueve eternamente
en el vacío, en el absurdo.
“Yo no sé si estoy triste por el alma,
De mis fieles difuntos
O porque nuestros mustios corazones
Nunca estarán sobre la tierra juntos”
Ramón López Velarde
Posteriormente pide “todas las
lágrimas del mar” para llorar por la maldición de la distancia que existe entre
su corazón y ella, a quien tiene cara a cara, carta a carta WhatsApp es lo
de hoy Esa alma, lo sabe, nunca se fundirá con la suya.
¿Entonces la paradoja se
convierte dañina? ¿Al grado de que nos hace ansiar el océano en nuestros ojos
para llorarla y para llenar con sus aguas nuestro vacío o es acaso la condición
del deseo que nos hace temblar ante una caricia, y buscar dentro de la boca del
beso, otro beso y otro y otro , y así eternamente? Con todo, en lo imposible
del encuentro absoluto nace lo que sí es posible: el amor, tal y como lo
anuncio Platón.
Pero si la eternidad se acaba, al
igual que el amor, ¿Dónde queda su infinidad?, en el único espacio que queda
para ella, es la brevedad del beso y del encuentro, debe de caber aquí en la
finitud del hoy, del ahora, según el místico Wittgenstein, “vive eternamente
quien vive en el presente”.
El amor es paradójico, de ello no
cabe la menor duda, es el lleno del vacío, el reencuentro en la distancia, la
eternidad en el instante. Esta condición es maldición o gracia, esperanzador
principio o condena final. Si tenemos un poco de suerte, podríamos dar lugar a
esa imposible paradoja.
Hasta la ciencia lo confirma…
"Es nuestro cerebro quien
escoge la pareja adecuada. La relación de pareja se hace de una manera
inconsciente y eso se llama enamoramiento, pero es el cerebro quien está
valorando todas las ventajas e inconvenientes a toda velocidad"
You don't know the power of the dark side

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