jueves, 20 de febrero de 2014

The power of rice compels you

Tal vez todo se resuma a una de las muchísimas paradojas de Zenón, en este caso nos centraremos en aquella que dice que para llegar de un lugar en el  espacio a otro sería imposible, sería posible siempre y cuando tuviéramos una infinidad de tiempo. Tal vez usted esté pensando que estoy loco, o que nunca me he movido de un lugar a otro y que por eso tengo estas ideas locas, tal y como la iglesia católica las hubiera tenido en la época del oscurantismo.
Sin embargo se de lo que hablo, matemáticamente la paradoja de Zenón tiene sentido. Primero pensemos en que para llegar de un lado a otro en el espacio debemos de recorrer una distancia ¿Cierto?, para que pregunto si ya sé que estoy en lo cierto,   cabe mencionar que para recorrer este espacio debemos primero recorrer la mitad de esta distancia, y para recorrer la mitad restante, primero debemos de recorrer la mitad de la mitad de la distancia y así sucesivamente es decir…



La cual converge a uno, sin embargo tardaría una infinidad en llegar a uno, que claro como todos sabemos es imposible que alguien pueda llegar a esa infinidad, a menos que alguien no tenga nada que hacer y viva muchísimo tiempo.
Sin embargo, todos sabemos que si queremos llegar de un punto a otro, solo debemos de dar algunos pasos hasta ese punto o bien en algunos casos más ambiciosos usar algún tipo de transporte, la combi, el metro, el RTP, un bote, un barco, un avión o hasta un transbordador.
Por lo cual llegamos a una paradoja, que a pesar de la imposibilidad, nunca deja de ocurrir, que según recuerdo de mis múltiples clases de álgebra, cálculo, probabilidad y un larguísimo etc. lo cual lo convierte en algo vacuo en sí mismo.
Esta imposibilidad, como ya lo comentamos, nunca deja de ocurrir, así es el amor, vacuo imposible, ocurre en un vacío vertiginoso.

Ahora es cuando recordamos El Banquete uno de los tantos diálogos de Platón, me los chute en mis épocas ccacheras, los dos tomos, gracias a esa maestra narizona de la cual no recuerdo su nombre, pero que gracias a ella conocí personas fabulosas en especial a una, Platón pone en voz de Aristófanes el mito que hoy llamamos la idea de una media naranja, aunque claro de una manera más romántica, Platón decía que los humanos en un principio, seres de cuatro brazos, cuatro piernas, dos rostros y dos corazones, lo cual no proporcionaba el mayor de los ínfimos deseos si Platón filosofaba, yo porque no, el mayor de los ínfimos quiere decir que es el menor de lo menor, y al no tener ningún tipo de deseo, esto los hacia seres perfectos y completos, por esta razón Zeus se puso celoso, chale no entiendo porque, si es un Dios, por lo que los partió con uno de sus múltiples rayos, con lo cual condeno a ambas mitades a buscarse eternamente, creando con ello el dolor de la ausencia y la distancia, pero también dejaron ese ligero toque de esperanza, llamado amor. Eros, ese el nombre de este tipo de amor, los griegos definen diversas formas de amor, aquel que nos lleva a buscar el alma que, cuando se reúne con la nuestra, completará de una vez y para siempre nuestro mundo, nuestro universo, nuestro ser, haciéndolo inflamarse como un todo que llena el espíritu con su gracia.
Si retomamos la idea de la paradoja de Zenón, la cual cierra cualquier probabilidad de todo movimiento, incluyendo aquel que busca la reunión de las almas para alcanzar el éxtasis, nos damos cuenta de que esta búsqueda es inútil, se vuelve eterna, interminable a un paso, a una mirada a una boca, una simple distancia.
Por lo tanto esta distancia entre dos seres, es la condición del amor. Este vacío se convierte en el lugar ideal para ser llenado por el amor, y el amor como todo lo demás se mueve eternamente en el vacío, en el absurdo.
“Yo no sé si estoy triste por el alma,
De mis fieles difuntos
O porque nuestros mustios corazones
Nunca estarán sobre la tierra juntos”

Ramón López Velarde

Posteriormente pide “todas las lágrimas del mar” para llorar por la maldición de la distancia que existe entre su corazón y ella, a quien tiene cara a cara, carta a carta WhatsApp es lo de hoy Esa alma, lo sabe, nunca se fundirá con la suya.
¿Entonces la paradoja se convierte dañina? ¿Al grado de que nos hace ansiar el océano en nuestros ojos para llorarla y para llenar con sus aguas nuestro vacío o es acaso la condición del deseo que nos hace temblar ante una caricia, y buscar dentro de la boca del beso, otro beso y otro y otro , y así eternamente? Con todo, en lo imposible del encuentro absoluto nace lo que sí es posible: el amor, tal y como lo anuncio Platón.
Pero si la eternidad se acaba, al igual que el amor, ¿Dónde queda su infinidad?, en el único espacio que queda para ella, es la brevedad del beso y del encuentro, debe de caber aquí en la finitud del hoy, del ahora, según el místico Wittgenstein, “vive eternamente quien vive en el presente”.

El amor es paradójico, de ello no cabe la menor duda, es el lleno del vacío, el reencuentro en la distancia, la eternidad en el instante. Esta condición es maldición o gracia, esperanzador principio o condena final. Si tenemos un poco de suerte, podríamos dar lugar a esa imposible paradoja.

Hasta la ciencia lo confirma…
"Es nuestro cerebro quien escoge la pareja adecuada. La relación de pareja se hace de una manera inconsciente y eso se llama enamoramiento, pero es el cerebro quien está valorando todas las ventajas e inconvenientes a toda velocidad"


You don't know the power of the dark side

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